TURISMO
I. Introducción.
La industria turística está adquiriendo un papel cada vez más importante
en la economía mundial y en la particular de cada país. En el mundo
desarrollado uno de sus principales atractivos radica en su gran potencial de
generación de empleo, mientras que el mundo pobre la considera como la solución
rápida a su problema de atraso económico.
Resulta necesario señalar en este punto la dificultad de cuantificar su
impacto económico porque afecta a muchas actividades productivas. Al no ser
producción de bienes y servicios sino gasto de un determinado tipo de
consumidor (turista o excursionista, residente o no) en bienes y servicios, no
está clasificado como actividad económica.
En este sentido, las últimas investigaciones (Frechtling, 1999; Robles,
1999; Smith, 2000) apuntan a la cuenta satélite del turismo como la herramienta
más adecuada para la cuantificación de los impacto económicos del turismo.
Esta dificultad es tanto más grave cuanto menos desarrollado es el país
de que se trate, llegando incluso a una total falta de datos.
Al margen de esta dimensión, podríamos decir “técnica”, de la
cuantificación de su impacto económico, no cabe duda de que el turismo está
considerado como una vía de aumento del potencial económico, tanto en el primer
como en el tercer mundo. A menudo se considera la primera o segunda industria
en muchos países por su impacto económico y sus oportunidades de generación de
empleo.
En especial en aquellos países ricos en recursos naturales adecuados al desarrollo
turístico, la industria turística se ha considerado, con frecuencia, esencial para
el desarrollo económico como alternativa a los sectores primario y secundario tradicionales
(Chon, 1999). España o Italia pueden ser buenos ejemplos de ello en el ámbito
industrializado.
En la actualidad, muchos países pobres, tanto en Asia como en América
Latina o África (Go y Jenkins, 1999), han apostado por el turismo como
herramienta de desarrollo socioeconómico.
Cabe destacar que el impacto del turismo es bastante diferente en
función del nivel de desarrollo del país en cuestión, entre otras muchas
razones por las diferentes infraestructuras físicas de partida, diferentes
sistemas legales, niveles económicos, o socioculturales.
Fundamentalmente los beneficios económicos del turismo se concretan en:
- Una aportación favorable a la Balanza de Pagos con la correspondiente entrada de divisas (aunque es conveniente considerar no solo el impacto directo sino las posibles importaciones de bienes y servicios que la prestación del servicio turístico pudiera exigir).
La generación de producción, renta y empleo. Y no solo por efecto
directo sino, a través de sus conexiones intersectoriales por efectos
indirectos e inducidos.
- Efecto de arrastre sobre otros sectores de la actividad económica (comercio, hostelería, transporte, etc.)
- Aportación a las arcas del Estado mediante la recaudación de impuestos directos e indirectos.
Conviene señalar que en ocasiones los efectos económicos no son tan
favorables como se esperaba, tratándose con frecuencia, por ejemplo, de un
empleo precario caracterizado por la estacionalidad y la eventualidad. O
pudiendo derivar, en especial en los países no desarrollados en una serie de
impactos negativos que iremos describiendo a continuación.
II. Impacto económico del turismo en el tercer mundo.
En el planteamiento tradicional, el turismo se presentaba como la
solución a corto plazo para salir de la pobreza. En efecto, como ya se ha
expuesto, puede suponer una extraordinaria vía de recaudación de divisas, un
aumento del empleo local, aunque frecuentemente de bajo nivel, y una promesa de
crecimiento económico por sus vínculos con otros sectores.
Por otro lado, desde la perspectiva del largo plazo, representaba para
muchos gobiernos la posibilidad de diversificarse y de reducir su dependencia
de las exportaciones de los productos básicos o materias primas tradicionales.
En este capítulo su subdesarrollo les lleva a basar su oferta en su
atractivo en forma de clima, playas paradisíacas, vida salvaje, belleza de
paisajes, o cultura indígena.
La experiencia de varios países ha demostrado, sin embargo, (Akama,
1999; Sindiga, 1999; Palomo Pérez, 1998; Clancy, 1999; Ecless, 1995; Ritchie,
1999), que sin una planificación estratégica coherente, el turismo puede no
tener esos efectos beneficiosos. Son varios países los que han sufrido los
problemas ya típicos de infraestructuras deterioradas, acentuación de la
inestabilidad social y política, control externo y, contra todas las
expectativas, un bajo efecto de arrastre sobre el conjunto de la economía
nacional.
Se ha llegado a constatar, además, que el turismo es una industria
inestable que depende de factores externos a los países receptores como cambios
en la demanda (estructura de preferencias del consumidor) o cambios en precios
del petróleo.
Cabría incluso plantearse una crítica aún más profunda: el desarrollo
del turismo en el tercer mundo responde al mismo esquema imperialista heredado
del pasado, que potencia su dependencia respecto al mundo desarrollado.
Se trata, en efecto, de un turismo en general controlado y orientado por
multinacionales extranjeras que se llevan del país los beneficios obtenidos en
el país.
Es una realidad que estas multinacionales se mueven buscando el máximo beneficio
(de ahí su interés en mantener destinos indiferenciados: ¡qué mas da Kenya que
Botswana! por poner un ejemplo). Se trata, al mismo tiempo, de un sector donde la
concentración empresarial a nivel mundial es muy fuerte. Es una estructura de oligopolio
donde unas pocas multinacionales del turismo y compañías de viajes controlan el
mercado turístico internacional. Sin olvidar que en todo caso la demanda depende
de la renta y gustos de los países ricos del norte, orientada y controlada, en gran
medida, por estas multinacionales.
La evolución más característica en países pobres ha sido la de un
progresivo aumento de la infraestructura turística (transporte, hoteles, etc.),
junto con un aumento de la seguridad en el país. El inversor tipo es el europeo
o estadounidense sin implicación alguna de la comunidad local en el proyecto
(excepto en lo que se refiere empleos inferiores de cocinero, sirviente,
jardinero, etc.). Gobiernos nacionales fuertemente comprometidos con el
inversor extranjero. En muchos casos, recién creados gobiernos tras la
descolonización de los años 60, con grandes deseos de desarrollo económico
rápido, que les conducían inexorablemente a una política de rápida expansión
del turismo.
En este marco se encuadran los planes de atracción de la inversión
extranjera elaborados con figuras comunes, tales como los incentivos fiscales o
el derecho de repatriación de beneficios.
La consecuencia de todo ello ha sido un aumento de escala, dimensión de
la industria turística que deja de estar representada por negocios de pequeña
escala y se caracteriza por las grandes inversiones financiadas principalmente
por inversores extranjeros (funcionan buscando el máximo beneficio en el corto
plazo), lo que provoca la concentración turística.
Concentración, que el propio inversor extranjero se encarga de reforzar
porque la búsqueda del máximo beneficio orienta la inversión allá donde se
espera una mayor concentración de turistas.
A todo ello se le añaden una serie de factores exógenos, que han jugado
con fuerza desde 1960, como puedan ser:
- La reducción del precio de los aviones y el aumento de la oferta.
- El desarrollo de “paquetes de vacaciones” organizados por tour operators internacionales, que al menor precio le añaden más seguridad.
- Y el aumento de renta de los países del norte.
Las políticas en turismo de los distintos gobiernos de los distintos
estados, en general, han sido tendentes a favorecer la promoción de proyectos
de gran dimensión como lugares de descanso en la playa o grandes complejos
hoteleros (lo que supone una gran dificultad de entrada de empresarios
locales).
Incluso la promoción y el marketing están en manos de los tour
operadores extranjeros que venden el paquete completo de viaje, alojamiento y
manutención4 (está estimado que se llevan entre el 40 y el 79% del precio
final).
En definitiva, los ingresos del turismo en los países receptores van
principalmente para las multinacionales que lo promueven.
Con el transcurso de los años la falta de una planificación continuada y
coherente ha permitido la sobrexplotación de determinados ecosistemas delicados
y frágiles (aglomeración de infraestructuras y de turistas sobre ellas)
provocando el deterioro medioambiental, con la consiguiente pérdida de la
calidad del entorno, y por lo tanto del producto turístico del país de que se
trate. En muchos casos seguido inmediatamente del desvío del turismo a otros
países indiferenciados sustituibles, casi podríamos decir”perfectamente
sustituibles” en términos de teoría económica convencional, con la reproducción
del mismo esquema hasta arrasar todo un área o incluso un continente.
La reducción del numero de turistas provoca reducción de la actividad
económica por sus conexiones con la agricultura, el transporte, los hoteles,
comercios, pesca, etc., etc., que provoca reducción de empleo local. El efecto
multiplicador que funcionaba a favor, se torno ahora en contra provocando una
contracción de toda la actividad económica.
En resumen, podríamos afirmar que a pesar de que existen factores
exógenos (socioeconómicos y políticos) que están fuera de la planificación de
los gobiernos del tercer mundo, hay una responsabilidad clara y directa tanto
de los gobiernos del país receptor como del país emisor. En especial destaca la
idea de que el turismo en el mundo pobres desarrollado por y para el mundo
desarrollado (acentuación de la dependencia), sin implicación, por lo tanto, de
su comunidad local.
Así, la naturaleza especulativa del capital de inversión extranjera,
junto con la falta de una política coherente por parte del gobierno, han
permitido una concentración de la industria turística que ha derivado en su
contracción por perdida de su calidad medioambiental. Al estar además su
industria fundamentalmente en manos extranjeras es relativamente fácil su
sustitución por otros destinos indiferenciados de la zona.
III. La necesidad de un planteamiento alternativo: el ecoturismo como
vía de hacer sostenible el turismo.
El turismo de masas, cuyo origen se suele ubicar a principios de la
década de los 60, con el primer servicio de avión masivo, deriva para 1990, en
el cansancio del publico objetivo en relación a la masificación, jetlag, etc. a
lo que se une la conciencia creciente del impacto negativo del turismo de masas
sobre el medio ambiente y la comunidad local.
La nueva búsqueda se torna en la recuperación de la pequeña escala con
un cierto equilibrio en su distribución geográfica, bajas inversiones y alta
participación local.
Se trata de orientar el turismo hacia un turismo alternativo
“consistente con los valores sociales, de la naturaleza y de la comunidad y que
permiten al que llega y al que vive compartir el entorno y disfrutar
experiencias compartidas” (Eadington y Smith, 1992:3).
Este planteamiento se caracteriza por las prácticas de rutas de
senderismo, a caballo, en bicicleta, etc., safaris de pájaros, de camellos,
estancias en granjas, y un largo etc.
Se emplean términos en este sentido como el de turismo ecológico,
natural, o turismo sostenible, sobre los que cabría hacer una pequeña
precisión, aunque el término acuñado por excelencia es el de ecoturismo.
La Ecoturism Society se refiere a ecoturismo como “el viaje responsable
a áreas naturales que contribuye a la conservación del entorno y al bienestar
de la comunidad local” (Western, 1993.8).
De otro lado, la definición de Ecotourism Assocation of Australia (EAA)
se centra en un “turismo sostenible ecológicamente que promueve el
entendimiento cultural y medioambiental, el respeto y la conservación” (Weiler,
1995: 64). Así, la EAA se propone como objetivos que todo el turismo sea
sostenible, que el ecoturismo contribuya a la conservación de las áreas de
destino y la biodiversidad, y aporte beneficios a la comunidad receptora,
aumentando la conciencia cultural y medioambiental y permitiendo recibir
visitantes de distinto origen socioeconómico.
Estos serían los aspectos mas importantes de la sostenibilidad social y medioambiental
y la satisfacción de todos los implicados incluyendo visitantes y comunidad
local.
Cabe incluso destacar la definición de ecoturismo realizada desde el
punto de vista de la oferta como actividad turística cuidadosamente
planificada, bien sea de carácter natural, histórico, botánico, ornitológico o
arqueológico, compatible con los principios ecológicos básicos. Autores como
Sirakaya, Sasidharan y Sonmez (1999: 170) resaltan el ecoturismo como “una
nueva forma de turismo educado, no consumista, romántico, orientado hacia áreas
relativamente subexplotadas de inmensa belleza natural e importancia histórica
y cultural, con el fin de comprender y apreciar la historia sociocultural y
natural de las comunidades de destino”.
Se espera que esta forma de turismo resulte no solo en el mínimo impacto
negativo sobre el medio ambiente, sino que contribuya a su protección y a la conservación
de los recursos tanto ecológicos como socioculturales. Busca, además, una mayor
interacción entre visitantes y locales que contribuya al bienestar económico y
social de los habitantes de la comunidad local.
En definitiva el ecoturismo se ve como un catalizador del desarrollo
sostenible. Este planteamiento del ecoturismo frente a turismo de masas, supone no
solo menos visitantes, sino fundamentalmente un perfil totalmente distinto: en
general es un grupo de personas, entusiastas de la naturaleza, que se sienten
cómodas en culturas extranjeras, de edad entre 30 y 50, educadas, con estudios
superiores y altos ingresos. Se espera que el gasto medio sea mayor al el turista de masas por la realización de
actividades varias como fotografía, botánica, pesca, canoa, etc. Puede ser de
diverso origen socioeconómico, pero es común a todos el turismo responsable. De
todo ello se deriva la esperanza de que el ecoturismo contribuya a la
conservación del medioambiente y al desarrollo económico y social.
Aunque no esta testado empíricamente ni en África, ni en Asia ni en Latinoamérica,
es claro que la conservación de los recursos incentiva y mantiene el turismo y
el turismo a cambio provee de fondos para la conservación y el desarrollo local.
El turismo, en esencia, se puede ver así como la causa última de la conservación
de la vida salvaje.
Desde el punto de vista de la participación de la comunidad local, si
realmente son los miembros de esa comunidad los beneficiarios en parte del
turismo y por lo tanto, lo apoyan (el turismo más que ninguna otra industria
depende de la buena fe y cooperación de las poblaciones locales), el ecoturismo
puede ser un motor para su desarrollo económico y para la distribución
equitativa de los recursos, aliviando así la pobreza local.
Sin embargo, para ello, la propiedad y el control de las empresas y
negocios turísticos debe ser de los miembros de la comunidad local (como una
forma de retener los ingresos en el país, de aumentar el empleo y el mercado de
productos indígenas).
Hoy, no obstante, existe el peligro de que todavía este tipo de turismo
(no ya el turismo de masas) sigue siendo un negocio para el mundo desarrollado,
está en manos de las multinacionales del sector que se han subido al carro del
“turismo natural” y venden la idea de ecológico (no responsable) y apoyándose
en la idea de ayuda a la comunidad indígena siguen embolsándose sus beneficios.
Es importante subrayar que mucho del desarrollo del turismo supone el
desarrollo de la comunidad. Gestionado de manera adecuada, el turismo puede,
efectivamente, convertirse en un motor importante para conseguir no ya el
crecimiento económico sino objetivos sociales más amplios. Desafortunadamente
no existen marcos que integren la gestión de las distintas facetas del
desarrollo turístico para conseguir el crecimiento económico y estos objetivos
sociales (Crouch y Ritchies, 1999).
Para que este potencial sea utilizado apropiadamente es fundamental
construir unas bases que contribuyan a desarrollar un producto turístico de
calidad, competitivo y de gran sensibilidad ecológica y sociocultural. Es necesario
crear una nueva base institucional para adelantar una estrategia de turismo
sostenible con ventajas cooperativas (más que competitivas). Que se concretaría
en respetar las disposiciones y recomendaciones establecidas en las diferentes
convenciones ambientales y ayudar a crear y aplicar normativas e instrumentos
jurídicos en apoyo a la actividad turística y el desarrollo sostenible en los
países pobres. En este sentido, la vinculación con las sociedades locales es
una de las clave para hacer posible el turismo sostenible.
El turismo no se puede tratar como una actividad económica
exclusivamente.Tiene dimensiones sociales, culturales, medioambientales fundamentales.
Es en esta perspectiva en la que se debe estudiar la contribución del turismo
al desarrollo (Sinclair y Stabler, 1997).
Nuestra conclusión es que el turismo de masas ha resultado ser la
síntesis en los Países pobres de las elites locales con agencias multilaterales
y multinacionales. Por desgracias, la política de la corrupción es una realidad
en la mayoría de los países y en especial en los más pobres.
La industria turística puede ser efectivamente un motor del desarrollo
económico pero no es en ningún caso el gran remedio al subdesarrollo. Son
necesarias condiciones objetivas que lo posibiliten. En la actualidad el
turismo no es más que una manifestación más de la forma de integración en un mercado mundial (la llamada “globalización”)
que prospera en la actualidad y que puede desembocar en una dependencia
estructural del tercer mundo respecto del primero.
Es necesario abordar un enfoque para el desarrollo del turismo en
cualquier parte del mundo que parta necesariamente, al menos, de una
planificación, a medio y largo plazo, coordinada y sobre una base territorial
amplia y que en dicha planificación se prevea la preservación y conservación
del medio ambiente, los recursos culturales, sociales y naturales, y en
especial contemple la implicación de la comunidad local.
La solución ha de plantearse a escala mundial, considerando el problema
turístico desde el punto de vista de todas las personas a las que les afecta y
“no exclusivamente desde la perspectiva de los países emisores” (Gonsalves,
1999:11).
De ahí la importancia de la concienciación de la población y el calado
de su sentir en las organizaciones internacionales dirigidas por las elites de
los países desarrollados, sin olvidar la necesidad de buscar el compromiso de
los propios países de luchar contra el fraude y la corrupción.
Como estrategias concretas cabría señalar el control del grado de
penetración de las compañías extranjeras, la promoción del turismo interno, el
aumento de la producción local, la capacitación de su propia población. Todo
ello directamente relacionado con la necesidad de inversión en educación de su
población como raíz profunda del subdesarrollo.
Bibliográfica
- AKAMA, J.S. (1999): The Evolution of Tourism in Kenya. Journal of Sustainable Toturism, Vol. 7, nº 1, págs. 7-25.
- CLANCY, M. J. (1999): Turismo y desarrollo: el caso de Méjico. Annals of Tourism Research en Español, vol. 1, págs. 1-23.
- COLLINS, A. (1999): Desarrollo Turístico y Capital Natural. Annals of Toturism Research en Español, Vol. 1, nº 1, págs. 47-59.
- CROUCH, G. y RITCHIES, J. (1999): Tourism, competitiveness and societal prosperity. Journal of Business Research, vol 44, issue 3, págs. 137-152.
- CHON, K.S. (1999): Special issue on tourism and quality-of-life-issues. Journal of Business Research, vol 44, issue 3, págs. 135-136.
- EADINGTON, W.R. y SMITH, V.L. (1992): Introduction: the emergence of alternative forms of tourism. EN V.L. Smith y W.R. Eadington (eds.): Tourism Alternatives: potentials and problems in the development of tourism, págs. 1-12. Filadelfia: Univesrsity of Pennsylvania Press.
- ECCLES, G. (1995): Marketing, sustainable development and international tourism.
- International Journal of Contemporary Hospitality Management, vol. 7 Nº 7, págs. 20- 26.
- FRECHTLING, D.C. (1999): Cuenta Satélite: Fundamentos, avances y otras cuestiones. Estudios Turísticos, nº 140, págs. 39-52.
- GO, F, M. Y JENKINS, C. L.(eds.) (1999): Tourism and Economic Development in Asia and Australasia.Australia: Chatswood:Butterworth-Heinemann.
- GONSALVES, P. (1999): Last Resorts?. Economic, Social, Political and Ecological Impacts of Tourims in the Third World. Contours-Bangkok, vol. 9, nº 2/3, págs. 8-11.
- HARRIS, R, y LEIPER, N. (eds.) (1995): Sustainable Tourism: An Australian Perspective.. Chatswood:Butterworth-Heinemann Australia.
- HONEY, M. (1999): Ecotourism and sustainable development. Who owns paradise?. Tourist Review, vol. 54, nº 4, págs. 2-18.
- LEA, JOHN, P. (1998): Tourism and development in the Third World. Londres: Routledge.
- LEA, JOHN, P. (1999): Ecotourism in the less developed countries. Annals of Tourism Research, vol 27, issue 1, págs. 248-250.
- OMT (1990): El turismo hasta el año 2000. Aspectos cualitativos que afectan a su crecimiento mundial. Madrid: Organización Mundial del Turismo.
